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 LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 18 DE NOVIEMBRE DE 2018

(Mc 13, 24 - 32) 

1. ORACIÓN INICIAL

Señor, tu Palabra es dulce, es como una gota de miel, no es dura, no es amarga. Aun cuando abrasa como el fuego, aun cuando es como martillo que rompe la roca, aun cuando es como espada afilada que penetra y separa el alma ¡Señor, tu Palabra es dulce! Haz que yo la oiga así, como música suave, como canción de amor; aquí están mis oídos, mi corazón, mi memoria, mi inteligencia, envíanos tu santo Espíritu para que a partir de esta palabra que nos das, ilumines nuestro camino y nuestros proyectos. Amén

2. INTRODUCCIÓN

«Pero en aquellos días, pasado el tiempo de sufrimiento…». ¡Qué apertura más dramática de la lectura del Evangelio! Entramos a la narrativa en medio de la acción, y necesitaremos más contexto para poder apreciar esta enseñanza de Jesús. En el capítulo 13 del Evangelio de Marcos, Jesús predice la destrucción del templo. Les dice a los apóstoles que no va a quedar ni una piedra sobre otra. Andrés, Pedro, Santiago y Juan le hacen a Jesús una pregunta de dos partes. ¿Cuándo va a ocurrir esto? ¿Cuál sería la señal de que todo esto está por llegar a su término? Jesús contestará la primera de las dos preguntas, pero no la segunda. Con certeza, Jesús predice que la destrucción del templo ocurrirá dentro de los siguientes cuarenta años —una generación bíblica. Los que están escuchando podrían vivir hasta que se cumpliera este evento. Y, de hecho, el templo es destruido por los ejércitos romanos bajo el mando del general Tito, en el año 70 d.C.

Jesús hace una alusión literaria para ayudarles a comprender los días de tribulación que conducirían a la destrucción del templo. Hace referencia a las palabras del profeta Isaías (Isaías 13:10; 34:4) que predice el tiempo culminante del ataque violento de los asirios, que destruyó el reino del norte del antiguo Israel en el 721 a.C. El ejército asirio era tan grande, tan predispuesto a la destrucción violenta, que su llegada parecía oscurecer el sol. Imperios enteros cayeron en rápida sucesión como estrellas que caían de los cielos, mientras los asirios avanzaban desde el norte. La desolación de estos ejércitos fue tan completa que parecía que «los astros del cielo» se desintegraban. Las diez tribus del reino del norte fueron llevadas al exilio del cual nunca regresaron.

Isaías puso en riesgo su reputación profética, y se cumplieron sus palabras. Jesús aplica estas mismas palabras en su pronunciamiento contra el templo, el símbolo de identidad nacional judía. Cuando los ejércitos romanos sitien Jerusalén y destruyan el templo la gente recordará su palabra profética. Entonces Jesús será reconocido como el personaje divino en la visión de Daniel —el «Hijo de hombre» y el Mesías que hizo esta predicción audaz de destrucción tan clara a sus seguidores. Jesús será reivindicado, mientras se llevan a cabo estos eventos durante los siguientes cuarenta años de la historia de Israel.

Jesús rehúsa responder a la segunda parte de la pregunta de los apóstoles. Si se va a destruir el templo, ¿cuándo se revelará el juicio final? Acerca de ese día, esa hora, ese momento no hablará. Él aconseja a sus seguidores que permanezcan alertas y vigilantes. Todo lo que pueden saber es que con la destrucción del templo el reloj comenzará a avanzar hacia el final.

3. CLAVE DE LECTURA 

¿Qué tiene que ver la higuera con la predicción de la destrucción del templo? Jesús enseña que debemos aprender una lección de la higuera. En nuestra meditación de esta semana, nos ayudará saber que en Galilea la higuera daba una nueva cosecha hasta cuatro veces al año. La persona deseosa de probar la fruta prometida de la higuera prestaría mucha atención a las hojas y los brotes. Si las ramas son tiernas y aparecen los brotes de la fruta, ya sabes que la cosecha se acerca. Revisas el árbol cada día anticipando los higos maduros. Jesús quiere que sus discípulos lean las señales del tiempo de la misma manera. Estén despiertos, estén alertas, estén vigilantes para que «huyan a las montañas» (Marcos 13:14) antes de la llegada de los ejércitos romanos que vienen a sitiar la ciudad santa.

Puede ser que no tengamos una higuera en nuestro jardín para ayudarnos en nuestro cuidadoso examen, sin embargo, podemos tomar en serio la lección de la higuera. Podemos estar abiertos a las indicaciones sutiles del Espíritu, que nos dice que las ramas de nuestra vida se están poniendo tiernas y su fruto está empezando a brotar. Debemos tener cuidado de prestar atención y responder a estos suaves codazos de Dios, mientras buscamos vivir en la voluntad del Señor y encontrar nuevas oportunidades para servir a los demás. Tómate unos momentos esta semana para hacer una «revisión de las ramas», y ver en qué temporada de la vida estás y qué temporada de la vida se acerca. ¿Son tiernas las ramas de tu vida? ¿Hay promesa de fruto en el futuro? ¿Se necesita podar las ramas para aumentar la cosecha? Todas son buenas preguntas para hacer en nuestra meditación esta semana.

Un momento de silencio orante para que la palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. CONTEMPLACIÓN

¿Por qué estamos tan obsesionados con saber el futuro? Los discípulos quieren saber el día, la hora y el momento del juicio final. Jesús rehúsa responder a su pregunta porque sabe que el hacerlo no les iba a beneficiar de ningún modo.

Los cristianos preocupados han estado tratando de predecir el día, la hora y el momento del fin del mundo por miles de años. ¡La cosa en común entre tales predicciones es que todas han estado equivocadas! Estoy convencido de que si los cristianos supiéramos el día exacto y la hora del fin del mundo y del juicio final, la mayoría (me incluyo, temo decir) ¡podríamos vivir como pecadores hasta el día antes del día final! El consejo de Jesús es simple. Mantente despierto y alerta. Mantente vigilante con anticipación, interpretando las señales de los tiempos. 

5. CULTIVEMOS LA SEMILLA DE LA PALABRA EN LO PROFUNDO DEL CORAZÓN: Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

- Después de aquella tribulación. La vida humana lleva las señales del trabajo, el sello de la muerte preñada de vida nueva: ¿Podemos contarnos entre los elegidos que serán reunidos desde los cuatro vientos?
- El Hijo del hombre viene sobre las nubes: ¿Seremos capaces de levantar la mirada desde nuestra miseria para verlo llegar sobre el horizonte de nuestra vida?
- Aprended de la higuera: El hombre tiene tanto que aprender y no debe buscar quién sabe en dónde. La naturaleza es el primer libro de Dios. ¿Tenemos voluntad para abrirlo, o quizás le rompemos las páginas creyendo que es nuestro?
- Todo pasa, sólo la Palabra de Dios permanece para siempre. Cuántas palabras vanas, cuántos sueños y placeres arrebatados por el tiempo que inexorablemente se lleva todo lo que tiene fin. La roca sobre la que habíamos construido a nosotros mismos ¿es la roca de la Palabra del Dios viviente?
- Aquel día y aquella hora ninguno la conoce: no está en nosotros el saberlo. El Padre lo sabe. ¿Estamos dispuestos a creerlo?

5. ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Ponte en la presencia de Dios y deja que hable a tu corazón. 

Reflexión tomada de:American Bible Society  - Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo